DECÁLOGO DE LA LENGUA DE COCINA

DECÁLOGO DE LA LENGUA DE COCINA

Antiguamente, en la cocina se estaba más concienciado de las pérdidas alimentarias, del sacrificio de cocinar y estar tanto tiempo detrás de los fogones. También era un gran esfuerzo el conseguir ciertos productos indispensables para la creación de algunos platos y poder pagarlos. El empeño por parte de cocineros en acabar platos que requerían horas preparando, removiendo y vigilando, el secretismo del cocinero y de su buen hacer era parte del reconocimiento de un buen chef. Entonces, ver cómo se desperdiciaban salsas después de horas y no poder apurar correctamente los restos era una verdadera desgracia. Estoy segura que usaban la mano para vaciar recipientes.

La lengua de cocina es un utensilio muy usado en cocinas y por sencillo que parezca, es más desconocida de lo que parece. Inicialmente se inventó para vaciar o limpiar completamente de restos de comida de cualquier recipiente tales como bandejas, bandejas de horno, sartenes, boles, cazuelas, platos, etc que contengan alimentos o elaboraciones culinarias. Su función básica es aprovechar al máximo los alimentos que se han cocinado o preparado cuando pasan de un lugar a otro, ya sea porque se han cocinado, se están manipulando o simplemente se trasladan a otro recipiente.

Hay que tener en cuenta que cada vez que se mezclan alimentos durante todo el proceso de elaboración de los platos, tanto en frío como en caliente, proceden de otro recipiente, por lo que parte de este ingrediente o grupo de ingredientes se quedan impregnados en el mismo. Este proceso se repite constantemente en cocina y se pueden llegar a perder kilos de alimentos al cabo de un año. Si no se usa como tal, además de menospreciar el trabajo y energía requeridos en su preparación, también se desestima el costo de los alimentos usados por pequeña que sea su cantidad. Por este motivo se usa la lengua, el motivo principal es no perder alimentos durante su trasiego.

Como consecuencia directa y positiva su uso constante se utiliza mucha menos agua y jabón durante el lavado de los recipientes porque a más cantidad de alimento más agua y jabón se necesita para su disolución. Así como energía y tiempo del mismo cocinero durante su lavado. Al quedar apenas algún residuo alimentario, el lavado es mucho más rápido y menos costoso, tanto económico como personal, por el simple hecho de haber usado la lengua. Un simple gesto y una buena costumbre.

Otro uso que se le da a la lengua de cocina es el de mezclar alimentos en frío o caliente, no hirviendo. Es el caso de alimentos muy aireados y a los que no se quiere romper la estructura, o sea, que no pierdan este aire añadido al ser mezclados. La lengua se utiliza mediante movimientos envolventes fáciles de llevar a cabo gracias a la silueta ergonómica de tal utensilio. Se adapta a las paredes de cualquier recipiente recogiendo cada gramo, y gracias a su forma plana y ancha, mezcla desde el fondo hacia la superficie con suma facilidad y éxito. Es muy común en pastelería, donde se necesitan los pesos exactos, y donde se van perdiendo muchos gramos durante los diferentes pasos de las elaboraciones. Estas pequeñas mermas pueden llegar a cambiar el estado final del postre.

En cocina, el verbo utilizado en nuestro argot gastronómico para el uso correcto de tan estimado utensilio es el de pasar la lengua: “pásale la lengua a la bandeja de ensaladilla rusa, oído?”. Tal frase la usamos una y otra vez en cocina y pastelería. Y no es más que aprovechar al máximo el producto y nuestro esfuerzo. Lo mismo que haríamos con nuestra propia lengua cuando lo que nos acabamos de zampar y no queremos dejar nada en el plato. Queda impoluto. La lengua de cocina no deja de ser una copia de la lengua humana en cuanto a forma y función.

La lengua está formada por un mango y una base de goma o silicona más gruesa centralmente, y más fina y plana en los bordes. Uno de estos bordes suele tener una forma más redondeada que el otro lado, de forma que se pueda utilizar en recipientes más redondeados. El otro lado más puntiagudo, es más adecuado para limpiar las esquinas de fondos más rectos. De esta forma se llega a todo tipo de recipientes en cocina: planos o redondeados. Cuando yo estudiaba cocina durante los 80’, las lenguas eran de goma y se doblaban más, por lo que “limpiaba” más. Con la llegada de la silicona se ha vuelto más rígida pero ha traído otras ventajas en cuanto a medidas, colores y durabilidad.

Desde hace unos años veo cocineros mediáticos que, por razones quizá de desconocimiento o por copia de otros, usan la lengua para remover alimentos en sartenes y cacerolas mientras se está cocinando. Una nueva función desde mi punto de vista no adecuada. La usan para cocinar en vez de usarla para “limpiar” o mezclar. Pero para más inri, no le pasan la lengua a ningún recipiente. Lo ponen a lavar tal cual, viéndose mucho alimento pegado al envase que se desperdicia y da una sensación de dejadez o de poca importancia.
Quiero aclarar mi punto de vista que no deja de ser un punto de vista científico. Los plásticos y siliconas, cuando llegan a temperaturas elevadas se degradan y dejan ir microplásticos y nanoplásticos que migran hacia los alimentos y que después consumimos. Hoy en día ya se encuentran estas partículas en el corriente sanguíneo humano, así como en órganos tales como cerebro, hígado o pulmones. En consecuencia, se vincula a un mayor riesgo de infarto, accidente vascular e incluso, en casos extremos, la muerte.

El resultado de este cambio de uso es más escandaloso y preocupante de lo que a simple vista pueda parecer. Un simple gesto puede tambalear principios culinarios que el profesional de cocina no debería profesar y tocar la salud de forma negativa. Además, puede crear tendencia, errónea claro está. Vamos a deshojar estas consecuencias y resumirlas detallando cada caso:

  • Los recipientes no se “limpian” por lo que los beneficios que nos aporta la lengua no se utilizan en absoluto. Si lo traducimos en forma de datos podríamos decir que este acto se repite en todos y cada uno de los hogares diariamente y en cada comida. Imaginaros la cantidad de alimentos pegados en los recipientes que tiramos, la cantidad de jabón que usamos de más y el agua innecesaria que desaprovechamos.
  • El plástico o silicona, al remover alimentos cocinándose a temperaturas elevadas puede migrar hacia los mismos alimentos. Las lenguas envejecen más rápido y pueden perder su estabilidad inicial y migran hacia los alimentos llegando hasta nuestro consumo.
  • Los usuarios usan los utensilios igual que el chef mediático. Lo que implica que las equivocaciones pasan más fácilmente a las cocinas de casa o aprendices de cocinero, e incluso a las escuelas de cocina. Esto es lo que ocurre en clase de cocina en nuestro instituto, los alumnos vienen con malos hábitos que hay que erradicar. El papel de un chef mediático debe ser correcto para difundir su cocina con seguridad alimentaria. La televisión tiene mucho peso porque llega a todos los hogares.

Este invento del siglo XX, que llegó con el invento del plástico, nos trajo un elemento en cocina muy sostenible, básico y sencillo de usar. Se llama lengua de cocina y es llamado actualmente de muchas y variadas formas gracias a los usos indebidos de tal utensilio: espátula de goma o de silicona, dando a entender que es para remover alimentos al cocinar. El mismo fabricante ya lo denomina como tal y así empieza el ciclo de mala praxis. Usa madera o acero inoxidable para evitar la migración, es más sostenible y más seguro. Como se puede ver, los motivos o causas para usar este maravilloso invento tiene un fondo muy sustentable, el de no perder alimentos y todo lo que le envuelve este capítulo. para tan ilustre invento.

Para simplificar, usa todo lo que puedas la lengua en la cocina, pero bien usada.

 

 

COMIDA DE VERANO

COMIDA DE VERANO

Las comidas de verano, por norma general, suelen ser comidas más refrescantes, húmedas, ligeras, y además, contienen un mayor aporte de verduras y frutas. Comer de forma suave ayuda a minimizar el esfuerzo de nuestro sistema digestivo y a sobrellevar mejor el aumento de la temperatura, tanto del exterior como la del mismo cuerpo humano, especialmente durante la digestión en que sube la temperatura de nuestro interior. 

Aligerar la cantidad de los alimentos de una toma para evitar precisamente el exceso de calor posterior, le llamamos tener digestiones ligeras y no todo el mundo está acostumbrado a ellas. Hay personas que si no sienten la pesadez final, creen que no han comido suficiente o no se sienten satisfechas. Es a lo que se han acostumbrado mediante los hábitos diarios. Las comidas pesadas pueden ser somnolientas debido a la gran energía necesaria para hacer frente a una digestión. Por eso, antes de viajar es conveniente no comer demasiado ni muy calóricas debido al gran esfuerzo que hace nuestro organismo para llevar a cabo dicha digestión. La kilocaloría (kcal) es una unidad de calor, lo que significa que es la energía que nos da cada tipo de alimento para llevar a cabo todas las funciones: las proteínas e hidratos con 4 kcal/100 g y las grasas con 9 Kcal/100g de alimento. Las verduras, con pocas kcal, es la base fundamental del estío, es menos calórica y mucho más digerible que el resto: la mayor parte es agua, vitaminas, minerales, y casi cantidades imperceptibles de grasa o proteína con algo de hidratos de carbono que les suele dar su dulzor natural.

Este tipo de comida estival también conlleva, para nuestro organismo, una reposición de líquidos y minerales constantes que se van perdiendo debidos a una mayor transpiración corporal. Dicha transpiración es la respuesta física al calor exterior para refrescarse. Beber zumos de frutas es una buena forma de aportar los minerales y vitaminas de forma natural, sin comprar productos elaborados: una limonada, un zumo de melocotón,… 

Otro punto a destacar en esta época es que los alimentos se suelen comer fríos y crudos. 

Vamos por partes. La temperatura fría de los alimentos y elaboraciones ayuda a apaciguar un poco el calor sofocante del exterior. Pero ¿es realmente bueno para nuestro organismo comer alimentos fríos? Los alimentos fríos no ayudan a una buena digestión, más bien la enlentecen porque el organismo debe calentar la comida para hacer todo el proceso de la digestión. Nuestro cuerpo tiene una temperatura aproximadamente entre 35-37ºC y los alimentos deben ser transformados a esta temperatura justo al iniciar del proceso digestivo. No consumir alimentos calientes puede llegar a provocar estreñimiento. Debemos combinar alimentos fríos y calientes o tomar alguna infusión por la mañana para ayudar a arrastrar el contenido digestivo. Los alimentos de desecho no deberían estar mucho tiempo almacenados ni estar en contacto con nuestras vísceras excesivamente.

Aunque parezca extraño, en países donde el calor es extremo, se consumen alimentos calientes para luchar contra el exceso de temperatura. Es lo mismo que tomar una ducha caliente. Cuando sales a la calle no tienes tanto calor porque no hay el contraste de temperaturas entre el cuerpo y el exterior.

Por otro lado, el comer alimentos en crudo nos permite aprovechar mejor todas las vitaminas hidrosolubles y minerales que no se han destruído por la cocción. Las vitaminas se destruyen básicamente por tres motivos: por la excesiva cocción, por dejarla en remojo cortada o por la cantidad de tiempo transcurrido desde que es cortada de la planta. Comer con más vitaminas depende de nosotros y de nuestros conocimientos. El almacenamiento de las frutas y verduras en casa, aunque sea en nevera, va disminuyendo con el paso de los días. Por eso es imprescindible consumir los alimentos lo más rápido posible desde su compra porque tampoco sabemos cuando se arrancó del suelo, ni de un árbol ni cuánto tiempo hace que está en la tienda donde hicimos la compra. En resumen, cada día que pasa disminuye un 5% su cantidad en nutrientes.

En esta época del año, en la que aumenta el consumo de frutas y verduras, debemos aprovechar a hacer un poco de limpieza en nuestro sistema digestivo. Dedicar una cena o varias cenas a consumir sólo fruta ayudará a nuestro cuerpo a depurarlo, a desinflamarlo y sobre todo a nutrirlo de vitaminas, que es la función de la comida en verano. También supone un descanso para nuestro interior que se traduce en una bajada de peso y un aumento de la energía.

Todos hemos oído hablar sobre curas de cerezas o limpiezas de piña. La finalidad de estas depuraciones es la de hacerle un “reset” a nuestro cuerpo aprovechando que nuestro organismo no necesita tanta energía. En invierno las cosas cambian, el cuerpo debe subir su temperatura para luchar contra las temperaturas exteriores frías. A más frío, más energía. Y se necesita la energía que proviene de los alimentos, tanto en cantidad como en calidad, con alimentos más contundentes y calóricos. 

Y cuando se viene de una época de frío hay que “limpiar todas las tuberías” para hacerlas más fluidas y de esto se encargan los alimentos veraniegos. Si nos fijamos en los alimentos de verano, los que nos brinda esta época de calor, son básicamente alimentos llenos de agua repleta de vitaminas: tomate, pepinos, cebollas tiernas, sandía, melón,… Las podemos tomar en forma de zumos, ensaladas, ensaladas líquidas, entrantes, postres, y todo lo que se pueda recurrir.

 

LAS ENSALADAS

El plato estrella del verano es sin duda la ensalada. Según la RAE la ensalada es un nombre femenino y se define comoHortaliza o conjunto de hortalizas mezcladas, cortadas en trozos y aderezadas con sal, aceite, vinagre y otros ingredientes”. En definitiva, es una elaboración de alimentos crudos aliñados. Un alimento crudo contiene su máxima expresión en vitaminas y minerales y están considerados como los más saludables.

En estos últimos años las ensaladas han evolucionado espectacularmente en todos los sentidos: tipos de elementos, contraste de temperaturas, diferentes texturas en un mismo plato, decoraciones,… También se puede hablar de clasificaciones aunque en general existen las ensaladas sólidas y las líquidas, las clásicas como la Waldorf, los tártars, los carpaccios, las exóticas, las tradicionales, y podríamos continuar porque la lista es interminable. 

Y qué decir de los aliños! Los hay de todo tipo de mezclas y sabores. Y al igual que las ensaladas, la lista no se acaba. Las vinagretas son diferentes en cada país. Existe una clasificación o denominación en la que varía según el tipo de aceite o ácido usado, por ejemplo la francesa lleva mostaza para ligar. Por lo que, es conveniente tener en nuestra cocina varios tipos de vinagres o aceites para crear ensaladas diferentes a partir de su aliño. Por ejemplo, a una ensalada de verano se le pueden añadir frutas y para su aliño es preferible un vinagre aromático y frutal como el vinagre de manzana. Si las frutas son ácidas, prueba añadir un toque de vinagre balsámico que es dulzón y a un gazpacho un vinagre de vino tradicional mezclado con un toque de vinagre de jerez. Como se puede ver, jugar con los ingredientes puede significar un antes y un después en la elaboración propia de ensaladas.

Si te gusta variar y crear una ensalada con diferentes texturas y sabores puedes usar como referencia esta lista para tener en cuenta y abrir el abanico de posibilidades en tu plato:

  • Hojas frescas de diferentes ensaladas
  • Dulce: zanahoria, frutas, fruta seca, 
  • Crujientes: frutos secos, semillas, pan frito
  • Ácido: frutas como frambuesa, vinagreta de limón, 
  • Cremoso: quesos, aguacate, hummus, 
  • Salsa o vinagreta

 

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BUÑUELOS DE CUARESMA DEL aMPURDÁN

BUÑUELOS DE CUARESMA DEL aMPURDÁN

Estos buñuelos típicos de Girona son los buñuelos que más recuerdos me traen y de los que más he comido en mi vida. En mi casa, era tradición juntarnos todos los hermanos durante un día y preparar la masa de la que llegamos a preparar de una vez 10 Kg de harina sólo para nosotros. Somos 7 hermanos y nos encantan. Tuvimos buñuelos durante semanas y los comíamos para desayunar, merendar, de postres, a todas horas. La forma de ayudar a pasar mejor el buñuelo era y es, con un vaso de leche fresca muy fría o caliente, eso va a gustos.

Durante esa larga jornada teníamos una estudiada puesta en escena que se repetía cada año por las mismas fechas. Estaban los técnicos que precisaban las cantidades exactas, los precisos que recordaban los fallos del año anterior, los innovadores que añadían información para mejorar, los amasadores que necesitaban músculos y resistencia, los creativos que moldeaban formas “diferentes” del buñuelo a freír, los impacientes que comían cuando salían los buñuelos quemando de la sartén, los charlatanes que explicaban recuerdos mientras ponían el anís con las hojas de laurel, los repartidores que hacían bolsas para guardar y los escaqueadores que solo comían y no colaboraban. Nos proveíamos de la mejor harina de panadero, le hacíamos una segunda fermentación y cada uno se asignaba una tarea para crear una gran línea de trabajo perfecta. Sin duda, formábamos una buena plantilla. A raíz de todos estos encuentros gastronómicos puntuales y los domingueros, y de la gran cocinera y gastrónoma que es mi madre, todos somos muy buenos cociner@s. La única que me he dedicado a nivel profesional soy yo.

La masa de este buñuelo la conforman gran cantidad de ingredientes que le dan un toque perfecto y suave a anís. Es una masa fermentada por lo que hay que amasar y dejar que suba. Una vez fermentada (tapado en un lugar tibio como una estufa o radiador es perfecto si hace frío durante 2-3 h), se le da forma circular con agujero untándose las manos en aceite cada vez. Se ponen en bandejas para que repose de nuevo y haga una segunda fermentación durante 1 h aproximadamente. Se fríen en aceite de girasol con un par de pieles de limón para que aromaticen el aceite y cuando quedan dorados por los dos lados se ponen sobre papel absorbente de cocina. Se salpican con anís dulce con la ayuda de unas ramas de laurel y se pasan por azúcar cuando aún están calientes.

La forma del buñuelo es circular y con agujero. Si quedan gorditos es mucho mejor porque no se resecan tanto. Són unos buñuelos que aguantan mucho y aunque se vayan endureciendo siguen igual de buenos. Se arreglan y quedan perfectos posteriormente si se ponen unos segundos en el microondas para los modernos, en una estufita de leña para los clásicos y para los cocinillas, a la brasa. También si se congelan quedan perfectos. Eso sí, hay que congelarlos acabados de hacer y fríos para que conserven la humedad y el aroma inicial.

La receta original de mi madre es la siguiente. Al lado, he puesto los cambios que se pueden hacer en una receta para adaptarla a tu tipo de alimentación. Pero creo que es importante que se sepa o se entiendan los cambios viendo de donde proceden. Normalmente las mismas cantidades que se especifican al lado son correctas. Espero que te guste y que pases una gran tarde en compañía para elaborarlos o comértelos.

Receta

Masa de buñuelos

  • 250 g harina de fuerza ____½ harina integral, u otras harinas
  • 25 g azúcar _____________azúcar integral, coco, 
  • 1 huevo ________________harina de garbanzo (1 c. sopera)
  • 60 ml leche_____________licuado vegetal soja
  • 5 ml anís licor
  • 5 m moscatel ___________mosto
  • 5 ml zumo de naranja
  • 5 g matalaúva
  • 5 g cilantro
  • 1 pizca sal
  • 15 g grasa de cerdo_______ Aceite de oliva, grasa coco
  • 8 g levadura parís
  • ½ ralladura limón
  • ½ ralladura naranja

Fritura

  • 1 l aceite de girasol
  • 1 piel de limón
  • anís licor
  • 100 g azúcar

 Elaboración

  • Tamizar la harina.
  • Preparar un volcán con la harina, la sal, el azúcar, las hierbas y las ralladuras de cítricos. Mezclar en seco.
  • Calentar un poco de leche (unos 30ºC) para diluir el aceite o grasa y la levadura parís.
  • Incorporamos todos los ingredientes líquidos dentro del volcán, zumo, licor y la mezcla de leche. Mezclar desde el centro y poco a poco  se va añadiendo más harina de los lados. 
  • Amasar hasta que la mezcla esté lisa y homogénea..
  • Realizar una primera fermentación de 2 h.
  • Dar forma de buñuelo y poner sobre bandejas para realizar una segunda fermentación de 30′.
  • Freír los buñuelos en abundante aceite a 180ºC.
  • Terminar espolvoreando un poco de azúcar por encima de los buñuelos.
La Cocina Vegetariana
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